Guayasamín, Oswaldo

Este autor del siglo XX (1919-1999) fue un pintor ecuatoriano de raíces indígenas (concretamente quechuas) cuya producción siempre estuvo vinculada a la temática hispanoamericana y a contenidos sociales y de denuncia (por ejemplo, su viaje con el poeta chileno Neruda por el subcontinente hizo brotar en sus obras la constante preocupación por la opresión indígena). Teñida de un fuerte componente humanista y expresionista, la rompedora producción de Guayasamín no se vio acompañada por el reconocimiento masivo hasta que recibió el apoyo y el mecenazgo de Rockefeller en los años ’40, y cobró una nueva dimensión cuando, tras su aprendizaje con el mexicano Orozco, mostró su maestría en la elaboración de espectaculares murales como los dedicados a España e Hispanoamérica en el Aeropuerto de Madrid-Barajas. En Cáceres, además, es posible visitar su casa-museo, sita en la Ronda de San Francisco, s/n.
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En el centro, Grito; a izquierda y derecha, murales del Aeropuerto de Barajas (España e Hispanoamérica)

Haes, Carlos de

Este pintor que vivió durante el siglo XIX (1829-1898) cultivó con profusión la pintura paisajista de corte realista, aunque su modo de presentar una naturaleza desnuda, grandiosa e impresionante le permitió superar la mera copia del natural. Pese a su origen belga (de hecho, nación en Bruselas y se formó en la escuela del paisajista Quinaux), Haes se afincó a mediados de siglo en España, donde desde su cátedra de profesor de paisaje de la Academia de Bellas Artes- formó a numerosos pintores de la segunda mitad de siglo (como Regoyos), al tiempo que desarrollaba su prolífica obra trabajando al aire libre con una técnica muy elaborada centrada en el estudio de la luz (casi a modo de preludio de los métodos de trabajo impresionistas).
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De izquierda a derecha: Paisaje, Picos de Europa y Un barco naufragado

Hofer, Karl

Autor no demasiado conocido, Hofer (1878-1955) fue un pintor expresionista alemán de formación clásica fuertemente marcado por el devenir histórico de su época, ya que su propia producción estuvo fuertemente marcada por los tres años que permaneció preso durante la Gran Guerra. Los colores fríos y las composiciones impersonales de Hofer enmarcan figuras tristes, torturadas y aisladas que denuncian desde su propio estatismo la crueldad de un mundo moderno completamente inmisericorde.

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De izquierda a derecha: Gran carnaval, Luna negra y Durmientes

Hopper, Edward

Nace a orillas del Hudson en 1882 en el seno de una familia burguesa acomodada que consideraba más próspero el futuro de ilustrador comercial que de pintor para su hijo. Como única condición para su dedicación al arte, le ponen que finalice el instituto, cosa que hará. El joven Hopper marcha a Nueva York donde estudia con Robert Henri, uno de los padres del realismo americano y su maestro más influyente. Permanecerá siete años en la Escuela de Artes de Nueva York y completará su formación con sendos viajes a Europa; el primero no demasiado profundo pero el segundo imperecedero en su retina. Del viejo continente traerá composiciones clásicas y limpias, atmósferas e interiores impresionistas y la crudeza de Goya, lo aglutinará con la sencillez puritana, la arquitectura victoriana del XIX y los espacios públicos de su país para generar el costumbrismo contemporáneo. La soledad es un tema recurrente en su obra, influido en gran medida por la literatura, y que acechará en mayor o menor medida, en todas sus obras, incluso en los pisajes, trascendiendo al tema o a pesar del mismo.Emplea colores planos, con reminiscencias a la acuarela y a los carteles publicitarios que dotan a sus obras de una atmósfera irrealmente quieta e inquietante. Su esposa Jo Nivison será fundamental en su trayectoria artística y vital, ya que posee a su vez un sólida formación artística y un temperamento estimulante; su unión será tardía, casi tanto como su éxito como pintor (a los 37). Salvo escapadas a México, Hopper permanecerá en el Greenwich Village del Nueva York bohemio hasta su muerte en 1967.
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De izquierda a derecha: Sol matutino, Noctámbulos y Gente al sol

Ingres, Dominique

Este autor, cuyo nombre de pila completo era Jean-Auguste Dominique (1780-1867), es un pintor francés que tuvo la oportunidad de vivir en una época de apasionante transición tanto histórica (del Antiguo Régimen a la eclosión liberal, pasando por la propia Revolución Francesa) como artística. En este sentido, su arte bebe de las fuentes neoclásicas en boga a finales del XVIII (especialmente en su exquisito uso del dibujo) y desarrolla los nuevos vocabularios del XIX, tanto del romántico (trazos rotos y colores intensos) como del realista. Además, su paleta da cabida también a toques exóticos medievalistas y orientalizantes que enriquecen aún más su brillante producción, a la que –por cierto- incluso los grandes artistas del XX como Pablo Picasso o Man Ray rendirán tributo.
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De izquierda a derecha: La bañista de Valpinçon, El sueño de Ossian y Napoleón en su trono imperial

Kandinsky, Wassily

Este pintor ruso (1866-1944) es uno de los nombres más trascendentales de la pintura del siglo XX, al ser una de las claves del desarrollo teórico y práctico del arte abstracto. Curiosamente, éste moscovita formado en Derecho y Economía, no dio el salto definitivo a la pintura –primero más naturalista y luego más libre al calor de las influencias post-impresionistas y “fauve” - hasta la treintena (ya en Alemania y Francia). En 1911 formó junto a varios pintores alemanes (como Marc) el grupo expresionista “El jinete azul” (aún figurativo), pero ya al año siguiente se embarcó en su peculiar visión puramente abstracta de la pintura (basada en el lenguaje matemático y musical y en el valor simbólico de los colores), al componer su tratado “De lo espiritual en el arte” (también daría clases en la Universidad de Moscú y en la Bauhaus de Dessau) y, posteriormente, al comenzar a llevarlo a la práctica en unas composiciones cada vez más definidamente geométricas, que abrirían definitivamente las puertas al posterior expresionismo abstracto.

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De izquierda a derecha: Negro y violeta, Improvisación nº 7 y Amarillo, rojo y azul

Kirchner, Ernst Ludwig

Este expresionista alemán (1880-1938) fue uno de los fundadores del grupo Die Brüke (El Puente) en Dresde nada más iniciarse el siglo XX (1905), bebiendo de precedentes inmediatos como el neoimpresionismo (que inspiró sus características deformaciones remarcadas por un intenso y violento colorido). Desde 1911, en Berlín, su producción adquirió un tinte más crítico con la sociedad de su época (usando como vehículo sus grotescas deformaciones –especialmente en escenas de calle) y, ya en la década de los 20, se decantó por una apuesta más experimental, teórica y tendente a la abstracción. Esta radical postura pronto le valió el apelativo de “artista degenerado” por parte del nazismo tras su llegada al poder en 1933 y muchas de sus obras fueron confiscadas un año antes de su suicidio.

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De izquierda a derecha: Calle de Dresde, Postdamer-platz y Soldado

Klimt, Gustav

El austriaco Klimt (1862-1918) fue el principal abanderado del movimiento denominado “Secesión vienesa”, que fue la versión austriaca del Art Nouveau o Modernismo, elevada –eso sí- a su máxima expresión decorativa y muy influida en el caso de Klimt por artes “exóticos” como el bizantino, con sus espectaculares dorados. Este estilo también representa, paradójicamente, la decadencia de uno de los grandes imperios europeos del siglo XIX, el austro-húngaro.
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De izquierda a derecha: El beso, Las tres edades de la mujer y Vida y muerte

Kokoschka, Oskar

Este autor (1886-1980) fue un pintor austriaco esencial en el desarrollo de la vanguardia expresionista, formado en la Escuela de Artes y Oficios de la esplendorosa y decadente Viena de comienzos del siglo XX. Allí se inclinó pronto por un estilo basado en un dibujo libre y enérgico, combinado con colores contrastados, y plasmado en retratos y paisajes en los que Kokoschka vuelca toda su angustiada pero esperanzada sensibilidad (especialmente afectada por la crueldad de la Gran Guerra). Tras viajar casi durante una década por toda Europa, en la década de los ’30 se topó en su país natal con la realidad del nacional-socialismo que, al incluirle en su larga lista de “artistas degenerados”, le forzó al exilio (primero a Gran Bretaña y luego a Suiza), donde seguiría desarrollando su obra pictórica, combinada con sus inquietudes más puramente literarias (escribió poesía, teatro, libretos de ópera y relatos).

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De izquierda a derecha: La novia del viento, Dos desnudos y Huevo rojo

Leighton, Frederic

Leighton (1830-1896) nació en una rica familia británica dedicada al comercio internacional y se formó como pintor en Florencia (donde tomó contacto con los primitivos y clásicos italianos) y en París (donde se aproximó a la obra de románticos y realista como Delacroix o Mollet). A su regreso a Gran Bretaña, alcanzó el cúlmen de su vida académica (presidiendo la Royal Academy durante casi dos décadas) y creativa, tanto en pintura (vinculado al lírico y emotivo movimiento prerrafaelista) como en escultura (tanto exenta como funeraria). Prueba de su éxito es que Leighton fue el primer pintor que logró el título de par y una baronía que apenas pudo disfrutar antes de su muerte.
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De izquierda a derecha: Sol ardiente de junio, El retorno de Perséfone y La lección de música